¿Cómo tiene que ver el mundo un perito (investigador y/o analista forense)?
Cuando imparto tutorías, este, es el título de la primera. Sí, podría considerarse algo digno de una ¿buena? campaña publicitaria, porque parece algo abstracto pero, en cuanto tengo la atención de los presentes, pensando que vamos a hablar de una especia de Santo Grial del ámbito forense, «¡zas!» aparece la metodología más clásica, porque de eso trata la ponencia. Pero es que me parece, tan fundamental y, a la par tan clarificador y poco utilizado (no sé si sabido), que con conocer los tres conceptos de los que hablo, el adelantamiento por la izquierda deviene inevitable. Y, teniendo en cuenta el ánimo que me mueve a la hora de formar, y hacerlo de la mejor manera posible, creo que es menester el exponerlo en un artículo «para todos los públicos», de manera fácil y directa.
Cualquier objeto de investigación, sea pericial o no, es un caos. No me refiero a materialmente, que en no pocas ocasiones lo son. Documentos sin temporalidad, sin contexto, información banal mezclada con vital, etc., sino en su propia concepción. Una pregunta o duda a resolver y «todo» lo que hay para resolverlo. Ese todo suele venir en formato carpeta, archivo, USB,... en todas a la vez y, usted señor perito, se las arregla. El caos como punto de partida.
Si tenemos una estructura
cerebral, podremos materializarla en una sistemática correcto. Aquí (en el
artículo), estamos hablando de una generalidad respecto al ámbito de la
investigación y análisis, por lo que son conceptos totales que, al entrar a
desmenuzarlos y ponerlos en práctica, cada disciplina, cada conocimiento
específico, deberá utilizar sus técnicas, sobre todo respecto a la correlación
de los conocimientos, pero, como columna vertebral, es igual para cualquier
especialidad (forense o no). Además, al ser jerárquico, dictatorialmente jerárquico,
diría yo, no hay duda en cómo aplicarla.
¿Cómo tiene que ver el mundo un
perito? Pues en tres fases bien delimitadas que son (desde la cúpula hasta la
acera), constructo(s), variables e ítems. Vayamos uno por uno.
CONSTRUCTO. Sería la individualización de cada objeto
de estudio. Permítame poner de ejemplo, un análisis pericial caligráfico. ¿Cuál
sería el constructo a estudiar? La firma. Pero, en plural, es decir, cada
firma. Si el caso requiere el cotejo de una firma dubitada con cinco
indubitadas, tendremos un constructo dubitado y cinco indubitados
(individualizados), es decir, un indubitado, dos indubitado,... no se agrupan.
El constructo es general, como objeto, pero específico en su delimitación (y
definición). Y, ¿por qué no podemos agrupar lo que consideramos de igual
categoría (dubitadas e indubitadas)? Pues, porque aunque sean tipológicamente
iguales, no tienen por qué tener las mismas...
VARIABLES. Las variables son los parámetros que
componen el constructo. Pongamos una firma dubitada en un contrato de
compra-venta. ¿Qué la compone? O si lo prefiere, ¿qué podemos (no qué vamos,
sino qué podemos) estudiar? Estudiaremos la legibilidad, la presión, la
inclinación, los P.R.E., los rasgos de ataque y finales, la cohesión,... Y he
aquí también, la explicación de por qué cada firma sería un constructo y no
podrían agruparse. Que una firma indubitada corresponda a un autor conocido, no
significa que presente siempre las mismas variables. Una firma indubitada puede
ser original, otra presentada en fotocopia (y reconocida por todas las partes),
con útiles y tintas distintos, con mayor o menor producción gráfica, visés,...
Por ello, y sabiendo (esto ya lo trataremos en algún artículo específico de
pericia caligráfica), que siempre debemos cotejar iguales, no podemos equiparar
constructos que no comparten variables. Ahora, una vez delimitadas las
variables, las comprendemos estudiando los...
ÍTEMS. Los ítems, serían las especificaciones
técnicas de las variables. De lo que estas se componen y las explican. Además,
es lo que, a la postre, se coteja. Si una de las variables a estudiar son los
rasgos de ataque, ¿de qué tipo son (acerado, apoyado,...)? Obviamente, por
constructo, es decir, por firma. Y sí, con los ítems, es con lo que se consigue
eso que, cuando individualizamos (o cotejos), llamamos características
(gráficas, lingüística, antropológicas,...).
Así de «fácil» es. Sabiendo
esta escala, «no hay más» que adaptarla a cada disciplina, ya sea de cotejo, de
análisis,...
Esta composición metodológica
no es nada nuevo, ni probablemente, incluso siendo la primera vez que escucha
estos términos (lo cual dudo), nada que no aplique ya, porque cuando aprendemos
a analizar, se sigue este esquema. Lo que sí es probable, es que no lo haga de
manera consciente, parándose a delimitar, antes de cualquier investigación,
estos términos. Si lo hace, no solo la velocidad de su análisis se verá
afectada, positivamente, sino que, la claridad y capacidad de argumentación,
será considerablemente mayor, por el simple hecho de que todo es más
nítido.
Para concluir, lo aportado en este último párrafo, tal vez sea lo más valioso de este artículo. En ocasiones, no somos conscientes de lo que aplicamos, y serlo, marca la diferencia, cualitativa y cuantitativamente. El conocimiento profundo de la metodología (no como término teórico, sino práctico, y vital), hace que cualquier análisis, no solo sea más fácil para el perito, sino más certero en la resolución del caso, que es, lo único que importa.

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