La importancia de diferenciar estos dos conceptos en criminología y ciencias forenses (en la aplicación real)

Cuando hablo en los artículos o el podcast de «aplicación real», siempre voy a referirme a dos términos, el de investigación y análisis. De hecho, de manera indistinta. Hago la aclaración, porque, aunque incluya una parte teórica, indispensable por otro lado, siempre que el término aparezca, la finalidad, será su aplicación práctica. En ocasiones en ambos conceptos en toda su extensión, y en otras en disciplinas específicas.  


Una vez aclarado esto ad aeternum, vamos allá con estos dos conceptos, de vital importancia. ¿Cuáles son? El de «motivación» y «desencadenante». No va a ser un artículo extenso, pero sí clarificador. En primer lugar vamos a explicarlos, definirlos, y en segundo, ubicarlos. 

La motivación, es una idea. Es decir, es un proceso y/o pensamiento que «vive» en la psique del sujeto. Es longitudinal, está siempre ahí, y depende de factores psico y sociales (en casos extremos, podemos tratarlo pero merece artículo aparta, biológicos). Es decir, no siempre estará igual de motivado, habrá periodos en los que desaparezca, otros, que sean eufóricos, etc. pero, la idea central es que se trata de un pensamiento (más o menos rumiado, presente, radical,...) que solo conoce y padece, el sujeto (en nuestro caso, en el ámbito forense, el victimario). 

El desencadenante, es una acción puntual (más o menos larga en el tiempo pero perfectamente establecida), que se cataloga como el punto de inflexión para materializar esa idea en la cabeza. Es algo físico, limitado y observable (medible). 

Aterricémoslo a un ejemplo. Un sujeto, tiene la rumiación cognitiva, el pensamiento, de llevar a cabo una acción violenta contra su compañero de piso. Se siente motivado a hacerlo, piensa en ello, pero se queda en eso. No obstante, un día, ese compañero de piso le roba dinero, se acuesta con su pareja, etc. y, en ese momento, realiza la acción contra él. Existe una motivación previa, un pensamiento de hacerle daño y un acto concreto (desencadenante) que le empuja, que sirve como gatillo, para pasar a la acción material. 

La importancia de conocer y diferenciar ambos términos, tiene múltiples motivos. El primero es que, si somos criminalistas, peritos de cualquier disciplina forense, no debemos centrarnos en la motivación, porque sí, lo ha adivinado, esta, es congruente y relacionada con la causa, y ya sabemos (no voy a insistir aquí), que la causa no es ámbito de las ciencias forenses. No nos interesa el por qué, sino el cómo (para hallar el quién). No obstante, cada conocimiento pericial, tiene la finalidad, de comprender y explicar el desencadenante. Este primera argumentación de esa necesidad de comprender y diferenciar los conceptos, es la más comprensible y fácil de desentrañar, porque estamos hablando de conceptos herméticos, delimitados y definidos de manera aislada, pero, la realidad, sabemos que es otra.

¿Por cada sujeto solo puede haber una motivación? ¿Si el victimario comete varias acciones, son todas desencadenantes?,... Porque sí, estos conceptos están correlacionados y debemos saber, desde la criminología, cómo (positiva o negativamente) y establecer la jerarquía entre desencadenante y restos de acciones seriales (criminalísticamente). ¿A qué me refiero? Cuando se localiza la escena que es el desencadenante y existen acciones posteriores, ya no podemos catalogarlas como tal, por lo tanto, el desencadenante será o la primera acción o la escena primaria (esto también hay que diferenciar). Cuando se descubra una escena lo primero que debe pensarse (desde la criminología y criminalística) es si es única, la primera o hay más. Esto es importante, porque hay variables (como la conciencia forense, la agresión espontánea, el caos u organización,...) que nos indicarán estos aspectos (esto ya, para otro artículo). Por lo tanto, es obvio que, de manera psicológica, motivación y desencadenante están unidos (el tiempo entre la aparición del pensamiento y su ejecución, la diferencia entre la idealización y materialización (que siempre existirá) entre lo pensado y lo ejecutado, etc.) , son variables estudiadas por la criminología. Las escenas y sus características (desencadenante, escenas secundarias, terciarias,...) son parámetros, en los que se centra la criminalística. Ahí está la diferencia. No en estudiar la motivación por un lado y el desencadenante por otro, eso es relativamente fácil y es el primer paso. Dónde el profesional realmente (de todas las disciplinas) marca la diferencia respecto a su pericia, es en el estudio de esa correlación entre los conceptos. Ahí está, y estará siempre, la clave.

Por lo tanto, sepamos por un lado diferencias estos conceptos, estructurarlos, definirlos e identificarlos. Por supuesto parcelarlos para estudiarlos de manera separada (son constructor individuales) y luego, correlacionemos sus variables y entonces ahí sí, encontraremos la comprensión del cómo, llegaremos al quién y después, el estudio de este, podrá aportarnos datos sobre su cognición, sobre su motivación, que sirvan, por ejemplo, para la prevención de futuros actos, dentro de la criminología, y una mayor velocidad de ejecución en la investigación, dentro de las ciencias forenses. 

Puede hacer la prueba en su siguiente caso (en cualquier ámbito de la criminología y, sobre todo, pericial en el ámbito forense). Una vez acuda a estudiar el hecho (que ojo, no tiene por qué ser una escena criminal como las expuestas aquí de manera ilustrativa), estudie si existe un desencadenante claro (que existirá, pero mire si puede conocerlo con lo que tiene),. Vea si esa acción (por ejemplo de supuesta estafa, falsificación,...) es ese desencadenante o no. Limítelo, estúdielo, y tendrá un objeto de análisis (un constructo) definido, fácil de controlar (por supuesto con los conocimientos preestablecidos de su disciplina). Con la motivación, ahí, lo tendrá más difícil. De la primera (desencadenante), de esa escena, acción,... podrá explicar, argumentar y demostrar todo. Verá que, respecto la motivación, se basará más en su opinión y experiencia, que en datos contrastados. Por eso, es vital saber diferenciarlos, para no perdernos creyendo que es el camino adecuado. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

La importancia del estudio de los puntos de ataque en la Pericia Caligráfica.

Documental sobre Criminología (autor imprescindible)

Libro(s) sobre PERICIA CALIGRÁFICA