Cuidado con los careos: puedes «perder» por esto, aunque tengas razón.

 ¡Vaya título! Si con él no se adentra con la mayor curiosidad, ya no se qué hacer. No obstante, creo firmemente que lo reflejado (en el encabezado) será incluso menos de lo que es realmente. O lo que es lo mismo, que el título no le va defraudar.


El jueves pasado, el 24 de septiembre de 2026, di una ponencia titulada «Análisis, cotejo y perfiles. Tres términos iguales que se utilizan de manera diferente en Criminología y Criminalística». Pero el artículo no va de esta, o al menos, no al completo. Más bien, se centra en por qué (a pesar de saber que no sería la «masterclass» con más tirón), era fundamental. Y para ello, me remito a una historia, real, que conté al comenzar. Un pasaje importante de esos que te das cuenta según lo vives y decides estructurar y explicarlo. Pongámonos en situación. Se trataba de un careo con otros dos compañeros, peritos (aquí, la especialidad da igual… por ahora). Para los que no sepan cómo funciona, a pesar del nombre, dista mucho de ser algo así como una batalla verbal, argumentativa,… se pregunta y, por orden, se contesta. Y, sobre todo si Su Señoría quiere profundizar o que alguien amplíe un aspecto, una vez terminada la ronda o contestación, se solicita que lo haga (uno, todos,…).

En ello estábamos cuando me di cuenta que al preguntarnos sobre los mismos aspectos, todos respondíamos enfocados en ese parámetro (hasta aquí, todo normal). Lo que hizo saltar mis alarmas es que estábamos utilizando, para explicarnos, los mismos términos pero no los mismos conceptos y esto, lo que provocaba, es que convenciera quien mejor hablara y no, quien mejor se explicara y sobre todo, argumentara. ¿A qué me refiero? Pues que se utilizaban conceptos como el de observación, comparación, análisis o metodología, más como adjetivos pomposos para dar autoridad que como tecnicismos aplicados. Así que tomé la decisión de explicar cómo había desarrollado metodológicamente el informe (a estas alturas, ya puedo comentar que era un análisis pericial caligráfico). Pero, ¿qué es lo que hice? Lo primero, cuando se volvió a hablar de lo que se observaba o dejaba de observar (más bien en plural), expliqué, en mi caso, cómo lo había observado, porque hay una diferencia entre la observación y la observación secuencial. Esto, lleva a aclarar cómo es esa estructura, y que, como se realiza de esa manera, entonces no se compara, sino que se coteja (es decir, se emplea una comparación técnica). Esto nos lleva por un solo camino, el poder demostrar, vamos a decir, con una línea metodológica, las pruebas realizadas y la conclusión alcanzada, siendo replicable (por supuesto, esto fue algo más extenso, pero bueno, si quiere aprender, eso ya, hay que estudiarlo por cada especialidad, la técnica, me refiero y en global, la metodología).

A pesar de que esa explicación era novedosa en mis ratificaciones, no era nada nuevo (el tema metodológico). Era explicar por qué, aplicando términos iguales, el significante era diferente. Y no era baladí, puesto que cuando usted observa y concluye, está utilizando el argumento de autoridad (supuesta) y cuando secuencia, está concluyendo en base a una explicación argumentada (utilizando el único argumento válido en nuestro oficio, que es el empírico).

Un ejemplo práctico que expuse. La observación, hace que «se vea» lo que se mira o se encuentra, así, cada uno como quiere, y se aporta como dato (otro concepto global). La secuencia, estructura, por ejemplo, por tipología. En ese caso, imagine que, uno de sus compañeros, estudiando (vuelvo a repetir, igual que usted, que estamos en un careo), una firma dubitada en copia (impresa) e indubitados (en originales), concluye que la «presión es la misma». Esto se debe a que, así como en los indubitados ha utilizado el método adecuado, ha medido el calibre en la dubitada (ancho del trazo, cuidado porque hablaríamos de píxeles) para establecerlos iguales. Aquí, se ha observado algo que todo el mundo puede haber visto: La presión y el calibre (de los que ha hablé en otro artículo). El problema, es que la presión es la fuerza ejercida por el escribiente en el soporte a través del útil. En cambio, el calibre, es el ancho del trazo, dependiente del soporte y de la tinta (no de la fuerza), y no digo nada si es una fotocopia, impresión de mala calidad (o incluso buena),… El resultado, estamos comparando parámetros, magnitudes, de diferentes tipologías, es decir, algo incompatible (tocino con velocidad). En cambio, en una observación estructurada, primero sabe lo que debe observar, y  después apunta y secuencia por tipología, por ejemplo (para no extendernos demasiado). Todos observábamos y comparábamos, pero aquí, el cómo (como siempre), era lo que marcaba y marcó la diferencia.

¿Conocimiento adquirido? Sepa siempre explicar cada aspecto que refleja en su informe. Sepa siempre explicar cómo ha desarrollado cada paso y sepa cuál es esa diferencia aunque parezca que se habla de lo mismo. Un análisis forense comienza mucho antes de poner la primera letra en su libreta. Comienza estableciendo el cómo lo va a hacer, antes de comenzar a hacerlo. Recuerde que el perito no es más que el hilo conductor entre la teoría, el conocimiento y el caso concreto. Nada más, ni nada menos. No hay nada peor que hacer una investigación sublime, un análisis forense impecable y que, en la ratificación, no consiga explicar todo el proceso que llevó a cabo, no para convencer, sino para explicar su proceso metodológico.  

Y ya aprovecho, si quieres practicar, échale un vistazo a esto (que aquí, de esto, aprendemos y enseñamos). PRÁCTICAS ONLINE PERITO JUDICIAL.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La importancia del estudio de los puntos de ataque en la Pericia Caligráfica.

Documental sobre Criminología (autor imprescindible)

Libro(s) sobre PERICIA CALIGRÁFICA