Sobre la METODOLOGÍA en las CIENCIAS FORENSES

En el estudio de la metodología de las ciencias forenses, debemos distinguir entre dos conceptos: en primer lugar, el método de aplicación a la sistemática del estudio del hecho y, en segundo lugar, la metodología de investigación.

Si nos centramos en el primero —el método de aplicación o de desarrollo—, hacemos referencia, sobre todo, al protocolo de actuación en una investigación criminal. Aunque este puede variar según la tipología del delito, se enfoca principalmente en el análisis de la escena del crimen. Existen procedimientos estrictamente establecidos, tales como la preservación del lugar, la recogida de indicios y la cadena de custodia, entre otros. Cada uno de estos «pasos» está ampliamente recogido en manuales y reglamentos (como el uso de material específico para no contaminar la zona) y cualquier investigador que acuda a la escena los empleará de manera generalista.

Por otro lado, cuando nos referimos a la metodología de investigación, nos planteamos qué tipo de método utiliza la Criminalística. Aquí debemos recordar un concepto clave ya mencionado en publicaciones anteriores: la Criminalística no es una ciencia autónoma (per se), sino la aplicación sistemática del conocimiento especializado de varias ciencias. Su objetivo es estudiar parcelas específicas de la realidad para obtener una conclusión del «Todo» (que se materializa en la reconstrucción del hecho y la identificación). Por lo tanto, no es estrictamente correcto definir la Criminalística como una ciencia independiente, y a continuación veremos por qué.

En resumen: la sistemática del estudio del hecho es la aplicación práctica posterior al delito para esclarecerlo. La metodología de investigación es la vía teórica para obtener el conocimiento necesario que, una vez adquirido, se aplicará en dicha escena.

Las ciencias que forman el corpus de conocimiento de la Criminalística provienen, en su mayoría, de las ciencias naturales, por lo que la metodología que utilizan es, evidentemente, científica. Sin embargo, las ciencias forenses consisten en adaptar estos saberes. En ocasiones, se nutren de aspectos muy específicos de una ciencia general, por ejemplo, la Biología forense no abarca toda la disciplina, sino que se centra en herramientas concretas como el análisis de ADN. De esto deducimos que la Criminalística extrae de cada especialidad solo el conocimiento que le resulta útil para el esclarecimiento del hecho delictivo.

Por lo tanto, no deberíamos hablar de una sola metodología, sino de metodologías en plural. De cómo construye el conocimiento cada una de las disciplinas aplicadas al ámbito legal. Incluso, el concepto más preciso sería el de técnicas, ya que la metodología subyacente sigue siendo la científica, que es la única que hoy en día valida sus resultados.

Como sabemos, el método científico se compone, de forma muy básica, de observación, hipótesis, análisis de datos, conclusión y validación. Cada una de estas etapas generales está definida por diferentes variables. El proceso estándar consiste en plantear un problema, modelizar su estudio, construir el marco teórico (qué se ha investigado antes y quién ha hablado del tema), formular las hipótesis, recoger los datos, analizarlos, obtener conclusiones y, finalmente, validarlas (por ejemplo, mediante la publicación y la posterior replicabilidad).

A pesar de que las fases varían según el objeto de estudio, grosso modo siguen el mismo esquema. El quid de la cuestión reside en la fase de análisis o en la técnica empleada para examinar los datos, puesto que no se ejecuta igual en todas las especialidades. Existen técnicas de correlación, de cotejo u observacionales-científicas (distintas a la observación común).

Por ejemplo, la dactiloscopia se basa en el principio de que no existen dos seres humanos con la misma morfología o «dibujos» en sus huellas dactilares. Obviamente, no se han estudiado una por una las huellas de todos los habitantes de la Tierra de manera longitudinal (incluyendo a cada persona que nace), lo que se ha hecho es comparar y correlacionar una muestra representativa para confirmar la hipótesis. Esta misma lógica se aplica a la balística comparativa. No se han disparado ni cotejado todas las armas del mundo, sino una muestra lo suficientemente amplia como para concluir que cada una deja una impronta única, debido a las microlesiones y a la degradación de los materiales durante su proceso de producción. Estas certezas se extraen del desarrollo de investigaciones que presentan distintas tipologías.

Sin embargo, no todas las conclusiones se obtienen de la misma forma. Los experimentos puros exigen requisitos que no siempre pueden cumplirse en el ámbito forense, entre los que destacan la aleatorización y la manipulación de variables (dependientes e independientes). Es decir, la capacidad de seleccionar una muestra al azar, controlar las variables extrañas (o de confusión) y modificar las variables de estudio. De manera ilustrativa, en el ensayo de un tratamiento médico, se aleatoriza la muestra y se manipulan las variables dividiendo a los sujetos en dos grupos. A uno se le administra el fármaco y al otro no (lo que supone la manipulación de la variable independiente por ausencia).

Otro caso distinto es la investigación de perfiles, que se encuadraría dentro de los diseños cuasiexperimentales al requerir el estudio y la clasificación de atributos. Por ejemplo, la grafística cataloga los llamados «gestos-tipo» —características individualizadoras que el escribiente plasma en el papel— para dictaminar la autenticidad o falsedad (la atribución) de un documento. No obstante, si un investigador quisiera estudiar si estos rasgos cambian según el soporte (papel, cartón, superficies rugosas, etc.), sí podría aleatorizar los grupos y manipular la variable independiente, desarrollando así un experimento en toda regla. Además de estos modelos, se pueden llevar a cabo investigaciones cualitativas, cuantitativas no experimentales o mixtas.

Nuestro objetivo no es profundizar en la metodología (científica), sino ilustrar que el cuerpo de conocimiento de la Criminalística proviene de distintas ciencias que emplean técnicas de análisis muy diversas. No existe una metodología científica única y exclusiva de la Criminalística. Su saber se basa en la extracción de los resultados aplicados de otras disciplinas. Así, dentro de la Biología solo le interesará el análisis de restos fluidos o tejidos. De la Antropología, únicamente la rama forense dentro de la Antropología Biológica, y así sucesivamente.

Esta selección no es una lista cerrada. Dependiendo del hecho criminal, la ciencia aplicada de forma forense utilizará las herramientas necesarias para ese caso concreto. Como suelo decir, el perito no es más que el hilo conductor entre la teoría y su aplicación práctica a un caso real a través de especialidades determinadas.

En conclusión, dentro de lo que conocemos como Criminalística no existe una metodología propia, sino que esta dependerá de la ciencia matriz que se ejecute. Por lo tanto, coexistirán tantas metodologías como técnicas de análisis requiera la investigación del delito. Es por eso que, si nos fijamos en la práctica pericial, entender la naturaleza de cada ciencia (o apartado de esta) es vital para valorar el alcance y la validez de sus conclusiones.

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